Episodio 4 · Mi primera cata: descubrir un vino con mis propias palabras
Creo que hay una diferencia entre tomar un vino y realmente detenerte a descubrirlo.
Y esta vez me tocó hacer justamente eso.
Después de recibir mi primera caja de VinoPass, de conocer mi Pasaporte y de probar por primera vez uno de los vinos que eligieron para mí, decidí que quería hacer algo que hasta hace poco me parecía muy de expertos:
catar un vino.
Y aquí es donde tengo que ser completamente sincera con ustedes…
yo no sé catar un vino.

Bueno, al menos no como las personas que veo hacerlo y que parecen tener un diccionario completo dentro de la cabeza.
Que si aromas de frutas rojas, que si notas florales, que si taninos, acidez, cuerpo, persistencia…
Yo escucho todo eso y pienso:
“¿Cómo saben todo eso con una sola copa?”
Pero esta vez decidí no preocuparme por hacerlo “bien”.
Simplemente quería descubrir qué podía encontrar yo.
Primero tuve que aprender a detenerme
Algo que me ha gustado mucho de este viaje con VinoPass es que no siento que tenga que convertirme en experta de la noche a la mañana.
Voy aprendiendo poco a poco.
Me voy guiando por La Brújula del Vino, leyendo sus artículos y regresando a ellos cuando algo me causa curiosidad.
También he estado viendo sus redes y eso me ha gustado mucho porque encuentro contenido diferente: regiones, tipos de vino, formas de disfrutarlo, historias y cosas que me hacen pensar:
“Esto también quiero conocerlo.”
Y así, casi sin darme cuenta, cada vez tengo más preguntas.
Pero también aprendí algo importante:
no debo correr antes de empezar a caminar.
Si apenas estoy empezando, ¿por qué tendría que saberlo todo?
Así que esta vez simplemente decidí sentarme con mi copa y observar.
Mi primera cata
Esta vez quise hacer algo diferente.
Después de recibir mi primera caja de VinoPass y de empezar a conocer mi Pasaporte, me animé a dar un paso más:
fui a mi primera cata de vino.
Y hay algo que quiero aclarar porque para mí hizo que la experiencia fuera todavía más especial:
esta cata la pagué yo.
Nadie me llevó, nadie me dijo que tenía que ir. Simplemente me dio curiosidad.
Quería saber qué se sentía estar en una cata de verdad, sentarme frente a una copa y tratar de descubrir qué había en ella.
Y sí… iba emocionada, pero también con algunas dudas.
Pensaba que quizá todos iban a saber muchísimo más que yo.
Que iban a hablar de aromas, sabores y términos que yo todavía no entiendo.
Y, siendo sincera, una parte de mí pensaba:
“¿Y si no sé qué decir?”
Pero pasó algo que no esperaba.
Me sentí muy cómoda.
Primero tuve que aprender a detenerme
Cuando llegó el momento de comenzar, hice algo que nunca había pensado hacer de esa manera:
miré mi vino.
Sí, así de sencillo.
Observé su color, cómo se veía en la copa y cómo cambiaba cuando la movía.
Después intenté acercarme y olerlo.
Y aquí apareció nuevamente mi pregunta:
“¿Qué se supone que tengo que encontrar?”
Lo olí una vez.
Después otra.
Y aunque no empecé a encontrar una lista de frutas y flores flotando mágicamente frente a mí, sí descubrí algo importante:
el vino tenía un aroma.
Quizá todavía no sabía exactamente cómo describirlo, pero ya estaba aprendiendo a prestar atención.
Después llegó el momento de probarlo.
Y esta vez intenté no tomarlo simplemente como había hecho antes.
Dejé que el vino pasara por mi boca y traté de pensar:
¿Qué estoy sintiendo?
¿Es ligero?
¿Es intenso?
¿Es dulce?
¿Tiene acidez?
¿Me gusta?
Y descubrí que esta última pregunta también es completamente válida.
Porque cuando estamos empezando, a veces creemos que necesitamos decir algo complicado para demostrar que sabemos de vino.
Y no.
A veces podemos simplemente decir:
“Me gusta.”
O:
“No es para mí.”
Y eso también forma parte de aprender.
Pero esta vez no estaba sola
Algo que hizo toda la diferencia fue tener a una sommelier guiándonos durante la cata.
Y aquí descubrí algo que me encantó:
hacer preguntas no era algo de lo que tuviera que sentirme avergonzada.
De hecho, descubrí que todos tenían preguntas.
Algunas personas sabían más que otras, otras estaban descubriendo cosas por primera vez y, aun así, todos estábamos ahí por la misma razón:
queríamos aprender y disfrutar el vino.
La sommelier nos iba explicando, pero también nos dejaba descubrir.
Y ahí entendí algo que hasta ese momento no había pensado:
no todos encontramos exactamente lo mismo en una copa.
Una persona puede encontrar un aroma que otra no percibe.
Alguien puede sentir una fruta.
Otra persona puede recordar una flor, una especia o incluso algún recuerdo personal.
Y eso no significa necesariamente que uno esté bien y el otro esté mal.
Cada persona puede vivir el vino de una manera diferente.
Y creo que eso fue una de las cosas que más me relajó.
No tenía que adivinar una respuesta correcta.
Tenía que aprender a reconocer lo que yo estaba percibiendo.

Entonces apareció mi pequeño problema…
Aun así, me di cuenta de que hay muchísimos términos que todavía no entiendo.
Y aquí les voy a confesar algo:
A veces me da pena preguntar.
Me pasa que escucho una palabra nueva y pienso:
“Seguro esto es muy básico y todos los demás ya lo saben.”
Pero esta vez decidí dejar de preocuparme tanto por eso.
Porque si algo estoy aprendiendo en este camino es que todos empezamos desde algún lugar.
Incluso las personas que hoy hablan de vino con muchísima seguridad alguna vez tuvieron su primera copa, su primera cata y sus primeras preguntas.
Así que, en lugar de intentar memorizar palabras que todavía no entiendo, hice algo mucho más sencillo.
Saqué mi Pasaporte VinoPass.
Y fue una gran idea.
Mi Pasaporte se convirtió en mi guía
Abrí la página de mi vino y empecé a seguir lo que me pedía registrar.
La vista.
Los aromas.
El sabor.
El cuerpo.
Mis notas personales.
Y mientras la sommelier explicaba y yo iba descubriendo el vino, empecé a escribir.
No intenté utilizar palabras complicadas.
No quería escribir como una experta.
Quería escribir como Lana.
Y ahí entendí que realmente funciona esto de ir anotando lo que voy aprendiendo.
Porque mientras escribía, estaba ordenando mis propias ideas.
Quizá hoy mi nota diga:
“Me pareció fresco.”
“Encontré un aroma que me recordó a fruta.”
“Me gustó más de lo que esperaba.”
O simplemente:
“No sé exactamente qué encontré, pero me gustó.”
Y está bien.
Porque esas palabras son parte de mi experiencia. No es un examen, es mi historia con el vino
Creo que eso fue lo que más me gustó de mi Pasaporte.
Entendí que no tengo que llenarlo perfectamente.
No es un examen.
No hay una calificación.
Es un registro de mi propio camino.
Hoy puedo escribir algo que dentro de unos meses quizá entienda mucho mejor.
Y cuando vuelva a leerlo, seguramente voy a poder ver cuánto he aprendido.
Tal vez algún día escriba cosas que hoy todavía no sé ni cómo explicar.
Y eso me emociona.
Porque significará que seguí avanzando.
Cada copa puede enseñarnos algo diferente
Salí de mi primera cata con muchas más respuestas, pero también con muchas más preguntas.
Y creo que eso es una buena señal.
Porque ahora sé que no necesito saberlo todo para disfrutar una cata.
Puedo llegar con dudas.
Puedo preguntar.
Puedo escuchar lo que descubren los demás.
Puedo comparar mis percepciones con las de otras personas.
Y, sobre todo, puedo descubrir el vino a mi manera.
Creo que esa fue la verdadera experiencia de mi primera cata.
No aprendí solamente sobre el vino que tenía frente a mí.
También aprendí un poquito más sobre cómo quiero aprender de vino.
Sin prisas.
Sin pretender saber más de lo que sé.
Sin miedo a preguntar.
Y sin pensar que existe una única manera correcta de descubrir una copa.
Porque quizá eso es lo más bonito de este mundo:
cada persona puede encontrar algo diferente.
Y mientras más aprendo, más entiendo que no se trata de correr para convertirme en experta.
Se trata de disfrutar el camino.
Primero caminar.
Después veremos hasta dónde podemos llegar.
Y yo, por ahora, estoy muy feliz de seguir caminando de la mano de VinoPass.
¿Entonces qué significa realmente catar un vino?
Después de esta primera experiencia, creo que para mí catar no significa saber identificar veinte aromas ni utilizar palabras complicadas.
Al menos todavía no.
Para mí, por ahora, significa detenerme.
Mirar.
Oler.
Probar.
Pensar.
Y tratar de poner en palabras lo que estoy descubriendo.
La próxima vez seguramente reconoceré algo que esta vez no reconocí.
Y eso me emociona.
Porque ahora sé que puedo volver a probar un vino y descubrir algo diferente.
Incluso del mismo vino.
Y eso me parece fascinante.
Estoy empezando a encontrar mi propia manera de descubrir el vino
Creo que eso es lo que más me está gustando de este viaje.
Al principio quería saber cómo elegir una botella.
Después quería saber qué había dentro de mi caja.
Ahora quiero entender qué estoy encontrando cuando el vino llega a mi copa.
Y sé que todavía me falta muchísimo.
Hay uvas que no conozco.
Regiones que apenas ubico.
Palabras que todavía me cuesta entender.
Y seguramente muchas preguntas que todavía no me atrevo a hacer.
Pero ya no me preocupa tanto.
Porque entendí que aprender de vino también es aprender a tener curiosidad.
Y quiero seguir haciéndolo a mi ritmo.
Sin correr.
Sin pretender saber más de lo que sé.
Simplemente disfrutando el camino.
Y qué bueno que VinoPass está ahí para acompañarme.

Una copa más… y muchas preguntas por
descubrir
Si algo he aprendido hasta ahora es que una copa de vino puede llevarte mucho más lejos de lo que imaginaba.
Una botella puede llevarte a una región.
Una uva puede llevarte a una historia.
Un aroma puede despertar un recuerdo.
Y una simple anotación en mi Pasaporte puede convertirse, con el tiempo, en parte de mi propia historia con el vino.
Así que esta fue mi primera cata.
No fue perfecta.
No utilicé las palabras correctas todo el tiempo.
No reconocí todos los aromas.
Y definitivamente todavía tengo mucho que aprender.
Pero fue mi primera vez.
Y eso me encanta.
Porque ahora quiero saber qué pasará con la segunda.
🍷 Si ustedes también están comenzando, les dejo un consejo que estoy aprendiendo en el camino: no tengan miedo de no saber.
Pregunten.
Prueben.
Anoten.
Comparen.
Y, sobre todo, disfruten.
Porque nadie empieza sabiendo.
Y si quieren acompañarme en este viaje…
Recuerden que todavía pueden aprovechar mi código:
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Yo ya convencí a mi hermana para comenzar su propia aventura y ahora me encantaría que más personas se animaran a descubrir el vino a su manera.
Y si ya son amantes del vino, también quiero que se queden.
Porque estoy segura de que mientras yo voy descubriendo las cosas desde cero, ustedes podrán recordar algo de sus propios comienzos… o incluso enseñarme algo en el camino.
Así que síganme, déjenme sus comentarios y cuéntenme qué les gustaría que descubriera en mi próxima copa.
Este viaje apenas empieza.
Y tengo la sensación de que cada botella me va a dejar una nueva pregunta.
Una copa a la vez.
Una experiencia a la vez.
Y ahora… una nota a la vez. 🍷
Nos vemos en mi próxima copa.
— Lana



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